AURORA PARDO: “CHILE ES UN MAL EMPLEADOR”

Protagonistas

Por Javiera López Layana

En medio de esta crisis social y económica, en cada rincón de Chile hay mujeres que frente al abandono del Estado dejan a un lado el miedo para buscar soluciones. En este primer número de Ahora Nosotras, conversamos con Aurora Pardo, dirigenta social y sindical que entre el ajetreo del supermercado y las ollas comunes en su población diariamente se pregunta “¿Cómo puede ser posible que algunos se crean dueños de nuestras vidas?”

Sea cara a cara o por medio de una pantalla de computador, Aurora Pardo González sonríe para hacer frente a la vida. Aurora tiene 44 años y vive en la población Las Turbinas, ubicada en el límite de las comunas de Lo Espejo y San Bernardo, en la periferia de Santiago.

En el 2004 ingresó a trabajar como cajera al supermercado Líder del paradero 17 de Gran Avenida, San Miguel. Cuatro años más tarde participó en la creación del primer sindicato autónomo en “DyS”, grupo controlador de la cadena los hermanos Felipe Ibáñez Scott y Nicolás Ibañez Scott, hasta el 2009. A pesar de la compra de la marca Líder en manos de Wal-Mart, uno de los operadores de supermercados más grande en los Estados Unidos, siempre ha trabajado en el mismo lugar.

“Durante los años que llevo presente en el sindicato y cuando Wal-Mart ha tratado de vulnerar los derechos fundamentales de los trabajadores y trabajadoras siempre he tratado de estar presente en las demandas que van en favor de mis compañeros y compañeras”, explica Aurora Pardo, quien actualmente se desempeña como estudiante de Derecho en la Universidad Autónoma. Su motivación para estudiar esa carrera fue aprender cómo se redactan las reglas del juego de un país desigual.

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Para hacer frente a la crisis, el gobierno de Sebastián Piñera impulsó la Ley de Protección al empleo, medida que permite que los empleadores dejen de pagar los sueldos a sus trabajadores para que éstos lo cobren a través del seguro de cesantía y, de esta manera, no tengan que reducir su personal.

Tras su promulgación, varias empresas, entre ellas grandes tiendas del retail o multinacionales como Ripley, La Polar, Starbucks, H&M, Corona, entre otras decidieron sumarse a la normativa para “proteger a los trabajadores ante la posibilidad de quedar sin trabajo”.

Según la última actualización realizada por la ministra del Trabajo, María José Zaldívar, hasta el viernes 15 de mayo, 593.615 trabajadores habían hecho solicitudes para estar bajo la normativa, mientras que 86.070 empresas ingresaron peticiones, de acuerdo con el último informe de la Superintendencia de Pensiones.

“En medio de esta pandemia, hemos visto muchas empresas acogiéndose a la Ley de Protección al Empleo. El problema es que muchas nunca han sido ni pymes, mini-pymes o negocios familiares. Son grandes empresas internacionales que tienen lucas como para poder pagar las remuneraciones justas a los trabajadores”, reclama Aurora durante la videollamada.

El futuro del trabajo

A diferencia de la situación laboral de más un millón de chilenos y chilenas que debido a la crisis han perdido su trabajo o tienen sus contratos suspendidos, esta dirigenta social reconoce que Wal – Mart “se ha portado bien con los trabajadores”. Para ella, la razón no es al azar y tiene su justificación en el tipo de productos que vende la empresa en la que labura.

“Si bien tenemos electrodomésticos, bazar o vestuario vendemos alimentos de primera necesidad. Entonces, Wal – Mart ha mantenido los trabajos de mis compañeros y compañeras a nivel nacional. Otra razón es que hoy enfrentamos una negociación colectiva a nivel nacional desde Arica hasta Punta Arenas y que debería estar terminada por junio o fines de julio”, explica Aurora Pardo.

La técnico jurídico y ahora estudiante de quinto año de derecho reconoce que aunque “faltan algunos detalles en la negociación” valora la importancia de la organización sindical para la conquista de mejoras para los trabajadores y trabajadoras. Debido a la reestructuración del mercado laboral y fenómenos como la automatización a Aurora Pardo también le preocupa el futuro del trabajo en Chile.

“Cuando era DyS sólo había remuneración. Hemos ido avanzando harto en las negociaciones colectivas, pero siempre hay que estar atentos con lo que se viene y sobretodo, con las contrataciones de las personas nuevas en Wal – Mart. Sin embargo, hay discusiones que ya están presentes como la llamada polifuncionalidad. Estas son contrataciones a 4 horas y con alta rotación que merman bastante las remuneraciones de los trabajadores del retail”, advierte.

Aurora mencionas lo indignante que te parece el actuar de algunas grandes empresas. Como dirigenta sindical y estudiante de derecho ¿De qué manera se vive ese proceso de negociación colectiva cuando en paralelo se crean leyes que finalmente desprotegen a los trabajadores y trabajadoras?

Como Sindicato de Autónomo de Wal-Mart pertenecemos a la Coordinadora de Sindicatos del Comercio y estuvimos presentes durante la últimas semanas cuando Cencosud suspendió los contratos con los trabajadores. Afortunadamente los compañeros y compañeras de Cencosud denunciaron a la empresa cuando ellos pretendían repartirse las utilidades de la empresa entre sus accionistas. Esta crisis no la pueden pagar los trabajadores. Por eso, el dirigente tiene que estar atento siempre y sobretodo en época de crisis. El empleador siempre va tratar de defender sus bolsillos, defender sus arcas, no querer repartirlas.

La crisis en primera persona

Desde el inicio de la pandemia y al igual que en tiempos pasados, las mujeres han estado en la primera línea del combate al hambre e incertidumbre producto del COVID 19. De este modo, si en octubre de 2019 la frase “solo el pueblo ayuda al pueblo” resonó junto a las cacerolas, hoy está más vigente que nunca gracias a la generación de redes solidarias y el levantamiento de ollas comunes en barrios populares.

Aurora aparte de ser dirigenta sindical, se desempeña como presidenta de la Unidad Vecinal de la población Las Turbinas de Lo Espejo. Ante la falta de internet de muchos pobladores, desde ese rol ayuda a sus vecinos a realizar trámites del seguro de cesantía, obtener clave única para acceder a beneficios, imprimir cotizaciones o sacar salvoconductos para aquellos vecinos que trabajan en la feria.

¿Qué desafíos te ha traído en términos personales, familiares y laborales la pandemia?

No he podido hacer cuarentena total en mi casa producto del trabajo y me preocupa bastante lo que ocurre en mi población. Con otras dirigentas hemos creado dos veces ollas comunes. Juntamos unos recursos y salimos en ayuda de unas familias para darles mercadería. Nosotros siempre hemos tenido crisis en las casas, siempre han habido crisis, porque a la gente no le alcanza para comer. Para los insumos básicos, simplemente no tenemos.

“La crisis visibiliza la pobreza real que hay. Si no se hace una nueva Constitución, si no quitamos de raíz el Estado subsidiario de la Constitución nunca jamás se va a solucionar el problema. Necesitamos mitigar el estado de pobreza de las personas. Tampoco estamos diciendo que queremos todo gratis. Lo que necesitamos son necesidades básicas cubiertas por el Estado. El problema es que nosotros siempre vamos a aportar al Estado, estamos dando más que recibiendo y ellos no nos aportan nada. A nosotras todo nos cuesta”, reflexiona.

¿Has sentido miedo?

Sí, hay bastante miedo en mi interior. No salgo ni a la esquina sin mascarilla, ni guantes, etc. Pero en todas estas semanas no me he dado cuenta de lo que pasa en mí, no he tenido tiempo para hacerlo. Estoy preocupada de la familia pero ellos igual han tomado harta conciencia. A veces creo que nos quieren matar y que quieren terminar con los que más puedan. Me da miedo pensar que nos están ganando a costa de mantener la economía, de mantener sus bolsillos.

Entonces, ¡Mira lo que nos ha costado estar en contra de estos grandes! Siempre he sabido que para ganar hemos tenido que morir varios pero antiguamente, uno moría de inmediato. Acá es distinto, morimos en agonía. Sentimos que nos falta el aire. Prefiero morir en Plaza Dignidad pero no morir así o cómo ellos (eliminar ellos) quieren. Con hambre, angustiados, desesperados o solos.

“¿Como tanto?”, se preocupa Aurora Pardo. Para la dirigenta, “ni siquiera estamos pidiendo la mitad del pan. Estamos pidiendo la mitad de la mitad del pan, pero tampoco estamos para pedir migajas. Si me voy a morir no les voy a pedir migajas, pero si me voy a morir les quiero pedir para unas cuantas generaciones. Si me voy a morir ahora prefiero reclamar y pelear lo que más pueda”, dice.

Una crisis con rostro de mujer

Aurora es madre. Tiene un solo hijo y ya es abuela. En la actualidad también le toca criar a sus sobrinas de 14 y 10 años. Su realidad es la que viven miles de mujeres jefas de hogar que, en muchas ocasiones, sin redes de apoyo estatales o familiares deben hacerse cargo del cuidado de sus hijos desde la soledad.

Parece que te había costado tener ese tiempo para preguntarte cómo te sentías. Estás arriba de la máquina todo el día, entre la pega, la casa y la dirigencia social.

Es difícil.

¿Piensas que existe alguna desigualdad respecto como las mujeres viven la crisis? ¿Qué implica ser mujer trabajadora en este tiempo?

He estado acostumbrada a parar la olla toda la vida sola entonces tampoco me he puesto a pensar cien por ciento en el miedo de esta pandemia. Nada me impresiona y a muchas mujeres nada les queda grande. No me había puesto a pensar en mi, solo le doy. Obviamente me retengo un poco porque soy crónica pero nada más.

¿Las mujeres viven distinto la crisis o no?

Hay muchas compañeras mías, mujeres solas, que tienen que cuidar a sus hijos y sin embargo, tienen que salir a trabajar igual. He visto que algunas han tenido hartos problemas con sus hijos que son más grandes. Sobre todo con los adolescentes porque algunos se van a la calle. He visto de todo un poco pero las mujeres siguen ahí de pie y firmes no más. Hoy en día, que estoy en quinto de derecho, también ayudo a perseguir pensiones de alimento de algunos lindos que se van olímpicamente y abandonan a mis compañeras. Estoy apoyando con mi conocimiento jurídico.

“Pero, acá en la población pienso que es distinto”, sentencia Aurora Pardo.

“En la población muchas mujeres no pueden acceder a una mejor remuneración porque muchas de ellas no tienen estudios y trabajan haciendo aseo en las fábricas de atrás como las bodegas de Ripley, poniendo alarmas o en las colas de la feria. Ahí están las mujeres jefas de hogar que trabajan en la población. Ellas tienen que ingeniárselas como sea”, señala al precisar entre las diferencias y similitudes de las mujeres trabajadoras.

Para Pardo, “otro distinto es en el lugar de trabajo, en el supermercado. La trabajadora igual es remunerada y gana un poquito más alto de lo que gana esta dueña de casa”, explica. Y agrega: “Suponte en el supermercado también tenemos asegurado alimento asegurado desayuno, almuerzo y once. En cambio la dueña de casa o la trabajadora de la cola de la feria no”.

Entonces, veo los dos campos que me ha tocado ver se viven distintos pero son parte del mismo problema del modelo. Es más sacrificado para la que vende sopaipillas acá en la casa afuera, completos, pan amasado que para la que está de cajera o reponedora en el supermercado. A las dos les cuesta lo mismo, pero pienso que la que tiene su kiosco acá en casa le cuesta más que la que está al otro lado.

Hay menos herramientas y menos apoyo …

Sobretodo porque hay vecinas que tienen segundo o tercer año básico. Dentro de sus posibilidades buscan acceder a una oportunidad de trabajo. Yo conozco dos realidades distintas pero, a pesar de ello, la vecina que está acá en la población igual tiene los beneficios del Estado. Ellas tienen los bonos, son parte del 40 por ciento más pobre y pueden postular a todo lo que está acá. A la inversa, a las trabajadoras del supermercado les falta para esos beneficios pero les sobra para endeudarse con los bancos.

Uno podría pensar que esa cajera de Líder tal vez es un «poco más privilegiada». Pero vivir endeudada o tener que pagar la carne molida con tarjeta no es lo justo.

Claro, a los trabajadores del supermercado con contrato nos bombardean con tarjetas. Todos tienen tarjetas y en cambio acá en la población no hay ese acceso. Siempre me he puesto a pensar de que existen diferentes realidades. Otros pueden tener vivienda y otros seguir toda la vida arrendando. Me alegra conocer las dos veredas y estar metida también conociendo varias realidades que son muy distintas.

Son muy distintas pero también son parte del mismo problema que comentabas al inicio. La lógica del Estado subsidiario hace que el Estado aparezca sólo en forma de bonos para la vecina de Las Turbinas, quienes reciben estos beneficios que le llegan sólo cada cierto tiempo o por la cantidad de hijos que pueden tener.

De acuerdo. No aparece de otra manera, de forma permanente donde se nos permita vivir bien y felices. Al Estado tampoco le interesa tener familias felices. Dicen que “somos el mejor lugar para trabajar” pero Chile no es el mejor país para vivir. Chile es un mal empleador.  La gente de arriba es la que no quiere tener a la gente bien. Entre la dueña de casa que está en la población y la trabajadora que está en el retail, en el comercio, ninguna de las dos tiene nada bueno.

Imaginemos que la crisis termina mañana ¿Qué aprendizajes has obtenido durante este tiempo?

Nos hemos dado cuenta de que hay que hacer cambios profundos. No se pueden hacer cambios por encima. Tiene que estructurarse el Estado respecto a sus prioridades y somos nosotros, el pueblo los primeros a considerar.

Valorar aquello que no ha sido valorado…

Exacto, privilegiar a los que nunca se han privilegiado e invertir el orden de prioridades como la pirámide de Kelsen. En la universidad me enseñaron que ese es un triángulo que dice que arriba de las normas están los tratados internacionales, la constitución, las leyes y luego, las personas. Sin embargo, pienso que de ahora en adelante esa mayoría finalmente es la que debería tener más peso. Estos tontos, los de arriba, creen que el Estado son los gobiernos de turno y que a diestra y siniestra pueden administrar nuestros recursos.

“Pero el Estado somos nosotros”, concluye Aurora en una entrevista marcada por el anuncio de cuarentena total en Santiago y que advierte que la pandemia requerirá de medidas económicas fuertes o nuevamente serán los pobres quienes paguen la crisis.