“Criar y cuidar también es trabajar, queremos seguridad social”

Editorial

Por Anita Martínez, Directora Revista Ahora Nosotras

No cabe duda, la pandemia y el confinamiento revelaron de forma ineludible que limpiar y cuidar es trabajar. Podríamos pasar horas en cualquiera de estas labores sin que nadie lo reconociera, tal y como lo han hecho, históricamente, millones de mujeres en dobles y triples jornadas laborales. Solo que hoy, más que nunca, se hizo visible y nadie desconoce que en el hogar “se trabaja”.

¿Qué clase de trabajo es ese? ¿Por qué a esta sociedad le parecen labores tan irrelevantes que ni siquiera las considera en su Producto Interno Bruto? Lo cierto es que se ha decidido vivir bajo esa tamaña ceguera de forma deliberada, nos acomoda dar por sentado que el sacrificio es casi una cualidad natural en algunas personas, por regla general, mujeres. Nos tranquiliza creer que son tareas secundarias, de poco estatus, que podría hacer cualquiera a un precio barato.

Sin embargo, tú y yo sabemos que son esas labores las que han garantizado la subsistencia, desarrollo y estabilidad emocional de cualquier habitante en este mundo. Lo sabemos mucho antes de esta pandemia, porque esta crisis solo vino a recordarnos el orden bajo lo que todo se encuentra estructurado. Existen quienes dominan y quienes son oprimidos/as en base a la clase, etnia y, por supuesto, al género que les constituye. A partir de eso habrá vidas más o menos valiosas, gente con más o menos hambre, personas con distintos niveles de exposición a la contaminación y seres más o menos susceptibles a la violencia y explotación.

Bajo el orden sexo-género imperante, el cuidado y el trabajo doméstico no remunerado prácticamente no tienen valoración y nuevamente, en plena cuarentena, se encuentra ejercido principalmente por nosotras. Quienes no solo nos hemos vuelto la primera línea del cuidado, sino que hemos tenido que seguir rindiendo igual o más en el teletrabajo remunerado y en trabajos informales. Tanto, que más de la mitad de las mujeres se está haciendo cargo sola de las labores de cuidado y domésticas, según la encuesta Ipso-La Tercera. Tanto, que se están “llevando un peso que si no lo dosificamos, nos podría quebrar”, anuncia la psicóloga Paula Saez.

Así, esta pandemia puede ser esta temida distopía que – tristemente- se hace realidad, pero también la oportunidad de quitarnos el vendaje. Y esa apertura no puede ser en solitario, porque si hay algo que nos ha legado el movimiento feminista ha sido, precisamente, la capacidad de cuestionarnos el mundo en el que vivimos, criticarlo e incomodarlo, nombrando lo que nadie se atreve a nombrar. En ese camino de superación del patriarcado y sus distintas formas de dominación, las redes de mujeres han cumplido y cumplirán un rol vital, porque nos enseñan de solidaridad, pero también porque la pobreza, el dolor y la esperanza se viven mejor compartidas.

En esa tarea los hombres también han de participar, porque este modelo se ha de derrumbar asumiendo ellos también esa toma de consciencia. No tenemos duda, otro Chile es posible si los cuidados y el trabajo doméstico no remunerado son reconocidos y valorizados; sin son asumidos como una responsabilidad colectiva de una sociedad que pone en el centro la vida, garantizando la seguridad social de todos quienes la componen, sin distinción.

#AhoraNosotras pretende ser, entonces, no solo una revista feminista, sino que ese espacio de construcción entre mujeres, en que todas y todes estamos invitadas a sacar la voz. A relatar nuestra vida en primera persona. Porque la experiencia de cada una es también nuestra y nos permite delinear un nuevo futuro alegre, justo y digno.