Creamos
Margarita Portuguez G, Dirigenta Sindical
Un martes de noviembre, camino al turno de noche a Carozzi donde trabajaba de operaria, el destino de Fabiola Campillay y su familia se selló para siempre. ¿La razón? Una bomba lacrimógena lanzada por las Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile.
La prensa le llama el “Estallido Social”, otros preferimos decirle la Revuelta Popular. La comuna de San Bernardo donde vive Fabiola no está ajena a ese reclamo. Había protestas, había necesidades. Ella misma en su calidad de dirigente social organizó bingos, a ratos únicas formas de financiamiento que tienen las mayorías de las familias de Chile para enfrentar alguna enfermedad o imponderable económico.
Fabiola tenía un bajo sueldo, debía cumplir turnos extenuantes y una familia de quien preocuparse. Sin embargo, eso no fue impedimento para asumir otras responsabilidades o compromisos como dirigenta vecinal. También apagaba incendios como bombera y daba los pases gol en los campeonatos de fútbol en su trabajo. Fabiola se vinculaba activamente en su entorno y era capaz no sólo de ver más allá de sus propias carencias, sino de trabajar y ayudar al prójimo anónimamente. Fabiola en esos momentos ya es una heroína.
Por ahora Fabiola, mujer de sangre diaguita, madre de 3 hijos, hija de María Isabel, hermana de Ana María y compañera de Marco tendrá otros desafíos en el día a día y percibirá el mundo de formas que muchos desconocemos. Por eso, Fabiola no debe ser sólo recordada como un símbolo de la represión policial en el gobierno de Sebastián Piñera. Fabiola es una heroína como muchas mujeres que luchan día a día por su bienestar personal, familiar y también por su población, su barrio y a fin de cuentas, por su país. Si queremos avanzar juntos en la construcción de un Chile consciente y sustentable, la reparación y justicia para Fabiola Campillay es indispensable y necesaria.