Hablamos
Por Licán Martínez Rubio, MSc en Economía y Políticas Públicas y Coordinadora Comisión Derechos Humanos RD
A mí me duele Chile, particularmente los 11 porque ese día fracturaron un país y porque a pesar de todo lo ocurrido hoy nos gobiernan parte de los cómplices de miles de muertes y violaciones a los derechos humanos.
He leído bastantes cartas escritas por detenidos y detenidas durante la dictadura que reflejan por un lado el dolor profundo por el encierro y por otro, la esperanza en la liberación. Estas cartas iban dirigidas principalmente a sus hijos e hijas.
El pensamiento que siempre vuelve a mi mente es: ¿Qué habría pasado si hubiese sido mi familia? Ocurrió. Mi hermano y yo nacimos varios años después de la época en los que mi madre fue presa política, pero ya existíamos en su mente.
Puede sonar extraño, pero en medio de tanto odio, maltratos, vulneraciones, Elizabeth Rubio – mi madre- sabía que tendría un niño y una niña, y que saldría con vida de ese lugar parecido al infierno llamado Villa Devoto.
Soy parte de las últimas generaciones de hijas de exiliadas políticas. Mi situación es extraña porque no nací en el exilio como mi hermano, pero sí resiento aún en mi vida las consecuencias directas de la dictadura: mi hermano vive en Bélgica, mi mamá en España y yo en Chile.
A los 13 años mi madre me invitó a un viaje a la República de Cuba. Fue un viaje especial porque me relató con lujo de detalles todo lo que había vivido desde 1973 en adelante.
La manera en la que ella me lo contó me permitió ver el otro lado de su paso por la cárcel, de su exilio, y de su retorno. Por supuesto hubo cosas atroces: torturas, violaciones, malos tratos, pero también se pudo ver que frente al sufrimiento que causó la Operación Cóndor, se formó más colaboración, más compromiso y más feminismo.
Un ejemplo de esto fue la complicidad que tenían entre compañeras al momento de estar presas, que se expresaban en cuestiones como la cooperación y las ingeniosas formas que encontraron para comunicarse entre ellas. Todo esto, ni el más malo de los malos podría borrarlo.
Aunque nos duelan los 11 de septiembre esa rabia tiene que ser transformada para seguir luchando por la verdad, la justicia y contra la impunidad. Me genera una tristeza profunda saber que mi madre sufrió torturas y que a mi padre lo tuvieron en Villa Grimaldi siendo tratado como un animal. Pero me llena el corazón saber que mi madre, como muchas otras mujeres, salieron adelante, estudiaron, trabajaron y hasta el día de hoy siguen siendo fieles a sus convicciones y luchando por los derechos humanos.
También me llena el corazón saber que mi padre, aun siendo expulsado del país, fue parte de esa Nicaragua Sandinista admirable, y al volver a Chile, dio su vida por el servicio público para mejorar las condiciones de miles de chilenos y chilenas.
Me gustaría decir que toda la pena y la rabia se transformaran en energía para seguir luchando por los derechos humanos. Por eso, me cuesta entender que nuestro país tenga pocas políticas de reparación, que aún exista impunidad, y que en el 2020 se sigan violando los derechos humanos.
Chile es un país herido y que aún vive con mucha tristeza. La dictadura marcó un antes y un después, dejando consecuencias fatales para nuestra gente. Doy las gracias al pueblo belga y sueco por recibir a mi familia con los brazos abiertos.
En ese marco, la creación de una Nueva Constitución es nuestra oportunidad para hacer valer la frase “verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición” y exigir a quienes sean delegados constitucionales que este país sea ejemplar en materia de derechos fundamentales.
Es un momento para retomar el camino truncado por la fuerza del fusil del 11 de septiembre de 1973 y avanzar hacia un nuevo pacto social, en el que los derechos de las personas sean efectivamente reconocidos y garantizados. En el que los recursos del país les lleguen a todas las chilenas y chilenos y no solo a unos pocos.
En esta tarea tendremos que poner, como decía Salvador Allende, “más pasión y más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra patria”.